sábado, 14 de abril de 2012

Yayoi Kusama



 OBSESIÓN



A sus 82 años recién cumplidos, Yayoi Kusama (Matsumoro, Japón, 1929) no ha perdido ni el afán celebrativo ni la actitud rebelde que se esconden tras sus habituales pelucas de colores. Tampoco el espíritu utópico y anárquico que le acompaña desde niña, hay un único objetivo. "Quiero explorar mi propia humanidad y la visión del mundo. Establecer un camino para mi búsqueda de la verdad", explica Kusama definiendo su labor como artista. Ésta la lleva a cabo entre el hospital psiquiátrico de Tokio y su estudio, a pocos minutos de éste. En el primero vive desde hace más de veinte años; en el segundo, todavía hoy pasa largas jornadas de trabajo rodeada de grandes lienzos, brochas y pinturas. Yayoi Kusama, considerada la artista viva más famosa de Japón, continúa creando y ampliando el abanico de "espacios infinitos", como ella los llama, a los que debe su fama: instalaciones de gran formato donde reina la acumulación y la repetición, y en las que la artista versiona el topo blanco y rojo (colores auspiciosos, de celebración en la tradición japonesa, la "marca Kusama". En esos lunares, cuenta la artista, ve "energía y vida", dos de las obsesiones (tal vez también alucinaciones) que la mantienen en activo y que la llevarán, en 2012, al Pompidou de París, a la londinense Tate Modern y al Whitney de Nueva York.


Recientemente mostrado en la Tate Modern, la sala interactiva de obliteración de Yayoi Kusama comenzó como un espacio completamente blanco, amueblado como un salón monocromo,  luego se invitó al público a  'borrar" con adhesivos multicolores. Después de unas semanas la sala se transformó de un lienzo en blanco en una explosión de color, con miles de colores pegados en cada superficie disponible. Fue concebido como un proyecto para niños y en primer lugar se escenificó en la Galería de arte de Queensland en 2002.








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